EL CORTIJO
En la vega de Antequera, donde la tierra guarda memoria y el tiempo se mide en verdes, renace un proyecto que cultiva origen, cuidado y verdad. Cortijo de Pozoancho no es sólo una finca agrícola, sino un lugar donde pasado y presente del campo andaluz se encuentran para reivindicar el valor de lo auténtico y construir un futuro fiel a su raíz.
En este lugar, la quietud del paisaje y la sobriedad de su arquitectura recuerdan que el campo no se interpreta: se vive. El día a día se sostiene en el trabajo preciso, en decisiones que nacen de la tierra y en una forma de avanzar que respeta el origen y busca hacerlo bien, con coherencia y sentido.
Durante más de dos siglos, estas tierras han sido escenario de un trabajo constante y silencioso. Aquí se trilló cereal con yuntas de mulos, se recogió algodón a mano y se compartieron faenas que dieron forma al carácter de quienes vivían y trabajaban en este lugar. Esa manera de trabajar, paciente y arraigada, sigue siendo parte de la identidad de Cortijo de Pozoancho.
La historia de la finca es la historia de quienes la sostuvieron con su esfuerzo y su vínculo con el territorio. Su arquitectura funcional refleja un lugar creado para producir, guardar y cuidar, siempre en diálogo con las necesidades del campo. Con el tiempo, Cortijo de Pozoancho se convirtió en un referente agrícola de la vega, donde esfuerzo y paisaje avanzaban siempre de la mano.
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La memoria del trabajo, guardada en cuero y hierro.
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El yunque, testigo de golpes precisos y manos expertas.
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El tiempo detenido entre la cal y la sombra.
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La luz entra sin ruido, revelando la dignidad de lo sencillo.
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La vega de Antequera, horizonte que da sentido a cada cosecha.
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Cada rincón del cortijo conserva la huella de lo vivido.
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El cortijo permanece, firme entre cielo y raíz.
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Arquitectura industrial al servicio del campo.

La memoria del trabajo, guardada en cuero y hierro.

El yunque, testigo de golpes precisos y manos expertas.

El tiempo detenido entre la cal y la sombra.
La luz entra sin ruido, revelando la dignidad de lo sencillo.
La vega de Antequera, horizonte que da sentido a cada cosecha.
Cada rincón del cortijo conserva la huella de lo vivido.
El cortijo permanece, firme entre cielo y raíz.
Arquitectura industrial al servicio del campo.
La arquitectura funcional convertida en belleza sobria.
Hoy, Cortijo de Pozoancho es una finca en evolución, donde la actividad agrícola combina tradición y criterios actuales de sostenibilidad. Cada espacio se adapta al trabajo diario y a un modelo agrícola responsable, pensado para optimizar recursos, proteger el suelo y avanzar hacia un paisaje más vivo y diverso. En torno a él, se extienden cerca de 600 hectáreas de cultivos.
La incorporación del pistacho ha permitido transformar antiguas tierras de cereal en un nuevo ecosistema de secano, capaz de regenerar fauna y flora y crear masas arbóreas adaptadas al clima de la zona. Aquí, innovación y respeto por el entorno conviven en una forma de trabajar que busca equilibrio, eficiencia y futuro para esta tierra.
Acilia
En Cortijo de Pozoancho, el olivar se trabaja con el mismo respeto con el que se ha hecho siempre: observando el fruto, atendiendo al árbol y cuidando cada fase del proceso. La variedad predominante, la hojiblanca, ofrece un aceite que refleja la identidad de esta tierra: sereno, equilibrado y lleno de matices.
La recolección se realiza en el momento óptimo, cuando el fruto concentra aroma, frescura y la calidad que buscamos. Cada campaña es el resultado de un trabajo paciente y riguroso, un cuidado constante que convierte el aceite en una expresión honesta del paisaje que lo hace posible.
Haza
Haza es una palabra que encarna la esencia misma del campo trabajado. En el habla tradicional castellana y andaluza, haza designa una porción de tierra cultivada, generalmente de secano. Es un término que no describe el campo en abstracto, sino la tierra viva, surcada, medida por la mano humana. Es el nombre que hemos elegido para nuestro garbanzo malagueño.
De la variedad blanco de sinaloa, encuentra en la fértil Vega de Antequera un entorno ideal para mostrar la mejor expresión de la variedad: un garbanzo tierno y mantecoso que es, sin duda, la legumbre estrella cultivada tradicionalmente en Málaga y que prácticamente había desaparecido.